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Frase de antología
Junio 21, 2008, 1:28 pm
Archivado en: Medios de Comunicación, Personal, Tecnología

Frase de antología

“Como entramos al estudio de grabación con zapatos con suela de goma, le entró estática a la consola y se borró la grabación”

Subdirector de información justificando el trabajo de un productor profesional de radio



Somos emo
Junio 3, 2008, 12:41 am
Archivado en: Medios de Comunicación, Personal

Somos Emo

Este blog no se va a morir. No permitiré que mi desidia, mi falta de tiempo, o mi predilección por jugar Wii en lugar de escribir haga que este espacio quede abandonado. He decidido poner aquí la mayoría de los textos de mi autoría que sean publicados en emeequis, para mantener el blog actualizado y así permitir que quienes se hayan perdido un número de la revista puedan leer algo de mi trabajo, esperando sus comentarios y reacciones.

Y qué mejor forma de iniciar dicha fórmula que reproduciendo un texto que me valió muchos comentarios positivos. Gracias a él, Pepe Cárdenas me entrevisto en su programa radiofónico. Y hasta en La Jornada de Oriente escribieron sobre mi texto, calificando su comienzo como “elocuente” (¡órales!).

Los dejo entonces con mi reportaje sobre los emo, Yo sufro, tú sufres, nosotros sufrimos: somos emo, con la ventaja de ser más largo que el publicado en la revista pero, eso si, sin corrección de estilo, así que están prevenidos.

Yo sufro, tú sufres, nosotros sufrimos: somos emo

“¿Tú has sufrido?”, me pregunta Rodrigo, convirtiéndome de pronto en el entrevistado.

“No me puedo quejar, creo que no he tenido una vida especialmente dolorosa”, le respondo.

Sin disimular una cara de asco, y haciéndome sentir tremendamente ñoño, emite un sonido parecido a un gruñido y dice:

“Ay… sólo te contesto porque eres reportero, y yo quiero estudiar periodismo…”

Él, me platica, sí sufre, y mucho. Sufre por amor, por su familia, porque nadie lo comprende. Sufre lo que todos los adolescentes sufren. Pero Rodrigo es diferente. Es más sensible, porque tiene las emociones a flor de piel. Y como él, muchos otros chavos dicen sentir lo mismo. Así que comparten gustos musicales, puntos de reunión y formas de vestir. Se identifican entre ellos y se buscan, se quieren. Sólo ellos pueden comprenderse. Ellos son emos, y ser emo está de moda.

La Glorieta de Insurgentes está a reventar. Ahí se juntan y conviven por igual gays, skatos y emos.

Rodrigo tiene 16 años. Viste todo de negro. Tiene el pelo lacio y de una profunda oscuridad, con un fleco que le cubre casi toda la frente. No está sólo. Lo acompaña Dorian, de 17. Ella viste una blusa de franjas horizontales negras y rosas. Tiene una raya roja delineada en el parpado inferior de cada ojo. Su cabello, que también le cubre casi la mitad del rostro, luce unas extravagantes puntas de color morado. Y tiene los ojos vidriosos. Su voz se quiebra al hablar, pero no está alterada, no tiene el maquillaje corrido. Simplemente está triste. “¡Todo mundo está deprimido!”, me dice, segura de que no es la única que se siente así. “Es que nos tratan como distintos, pero nosotros somos gente como tú y como el que pasa, nos discriminan por ser diferentes pero en realidad no lo somos, somos como cualquiera, solo que pensamos diferente”. Ambos se identifican como emos, un fenómeno mundial de creciente popularidad entre los jóvenes y que llegó a nuestro país impulsado por la influencia de medios masivos como los canales de televisión de videos musicales y la Internet.

El emo: producto importado y mexicanizado

“¿Por qué los rechazan los Punks y los Darks?”

“Piensan que la ideología es pendeja”

Muchos confunden el emo con el punk, pero en realidad es su hijo bastardo. De hecho, muchas otras tribus urbanas, como los propios punks, darks, y los skin heads, los detestan. Ellos piensan por lo regular que el emo no es una corriente original, sino una mezcla de muchas otras subculturas, que además retoma ciertos elementos estéticos de las demás, como el vestir todo de negro de los darks, aplicarse maquillaje como los góticos, o usar estoperoles y teñirse el pelo, como los punks.

El emo, antes que una moda o una forma muy azotada de ver la vida, es un género musical. “El emo viene del Emotional Hardcore, una forma de punk que surge a principios de los ochentas en Washington D.C. y en vez de hablar de cuestiones políticas o sociales, que eran los temas recurrentes de los punks de esa época, habla de problemas personales” , comenta Rulo, locutor y programador de Reactor 105.7 FM. Conforme el género fue evolucionando, las letras comenzaron a ser más introspectivas e intensas. “En México tienen éxito las cosas que son fáciles de replicar” piensa Rulo. “El emo es fácil de replicar. Agarras dos, tres ingredientes y ya estás. Y nos gusta la música azotada. México es débil ante la música azotada. En esos dos factores está su arraigo”.

Así, bandas de la escena local de Washington D.C, como Rites of Spring, Embrace y Fugazi, empezaron a tocar canciones que ya no eran tanto de protesta (sello característico del llamado punk hardcore), sino que más bien hablaban sobre emociones intensas, acuñando un nuevo estilo que comenzaría a llamarse emotional hardcore (o emo-core). Ya en los noventas el estilo comenzó a perder fuerza; sin embargo, sobre todo en California, algunas bandas comenzaron a combinar los ritmos propios de emotional harcore con ritmos del rock pop de aquella época. Las canciones se volvieron menos agresivas en cuanto a su música, pero las letras seguían siendo íntimas e intensas. Ese estilo es que se reconoce en la actualidad como emo a secas.

Sin embargo, dada la creciente popularidad de este estilo musical, muchas bandas comenzaron a ser catalogadas como emo, aun cuando no eran más que productos de las grandes compañías disqueras que vieron en el éxito del emo un negocio redondo. Aunque el tema despierta polémica entre los fanáticos, algunas de las bandas que son actualmente consideradas dentro de este género son AFI, Coheed and Cambria, Death Cab for Cutie, Bright Eyes, My Chemical Romance, The Used, Fall Out Boy, Panic! at the Disco y Something Corporate.

En realidad, el emo no se caracteriza tanto por ser un estilo que siga ciertos patrones melódicos en específico, sino por hablar siempre de problemas emocionales intensos, como angustia, zozobra, tristeza y desilusión, generalmente derivados de relaciones amorosas muy pasionales.

Últimamente los emos tienen especial predilección por el screamo, un estilo que combina letras sufridas con ritmos rápidos y estridentes, donde, como su nombre sugiere, sobresalen los gritos de los vocalistas.

Aunque claro, hay otro elemento característico de los emos que los hace fácilmente reconocibles, además del grado de identificación que puedan sentir con las letras de las canciones que tanto gozan (o sufren). Es, sin duda, su mayor estereotipo y, a la vez, el elemento que todos comparten en común, el que los vincula y les transmite la certeza de estar frente a otra persona que vive con la misma intensidad las emociones: la apariencia.

Si así me siento, así me visto

“¿Qué opinan tus papás de que se vistan así?”

(largo -y sufrido- suspiro) “Pues de que nos vistamos así equis, porque es una moda, pero de que pensemos así la verdad es que no nos comprenden, por eso necesitamos juntarnos con alguien igual a nosotros”, responde Dorian.

“Mis papás dicen que soy homosexual, que de seguro me voy a prostituir”, agrega Rodrigo.

En Los Estados Unidos, decir emo a secas es referirse por lo general al género musical, mientras que quienes se identifican con esa música y visten acorde a la estética que se ha establecido como propia del movimiento se les conoce como emo kids. Debido a que la apariencia un tanto andrógina del emo (que, según Rodrigo, tiene como función “demostrar nuestra depresión”) se ha vuelto tan popular, cientos de bandas, impulsadas por grandes compañías disqueras, han tomado prestada la estética del maquillaje y la vestimenta, convirtiéndose en grandes éxitos comerciales. Esto ha provocado que el emo no sea considerado, a diferencia de los punks y los darks, como un movimiento que vaya verdaderamente contra la corriente. Muchos lo consideran ya parte del mainstream, lo que provoca el desprecio de los punks, que ven en el emo una suerte de copia prostituida de sus ideales y estilos originales.

Entre los emos, aquellas bandas o chavos que tratan de replicar el estilo pero sin conocer con profundidad sus orígenes y líneas de pensamiento son llamados posers, porque se dice que sólo guardan una pose y no un compromiso real con el movimiento. Así, lo elemental para ser emo es compartir “las mismas emociones, las mismas depresiones”, me explica Rodrigo.

“Lo importante del emo es la libertad: la libertad de ser como eres, sin que nadie te joda y te ande diciendo que ya rompiste una regla, o que te estás comportando de una forma indebida. Entre los darks, hippies y punks, tienes que ser muy cuadrado y no salirte de las reglas. En el emo, eres lo que quieres ser, te guste lo que te guste; la onda es que seas auténtico, libre”, me explica Heidi. Ella también es emo. Primero me dice que tiene 19 años; luego, sin querer, admite tener 24.

Heidi está vestida con una playera negra repleta de corazones por todos lados. Sus tenis son negros y rosas. Un pequeño moño morado sostiene su abundante fleco. Tiene dos piercings en la boca. Para ella, “ser emo es un estilo de vida como muchos otros -no sé si pasajero o no, como muchos dicen, que porque no tiene historia como otros movimientos- pero como los demás, puedes decir que eres y verte como emo, pero no serlo. Generalmente se trata de estar triste, pero no es que quieras estar triste, sino que es involuntario. Es un estilo de vida: si tu te sientes emo, lo eres”.

¿Por qué tanto énfasis en estar deprimido? Rodrigo tiene una muy particular forma de explicármelo: “Por los amores, por la familia… tú sabes que en esta sociedad la base es la familia, y está mal, porque la sociedad está mal, está mal desde el gobierno, está mal desde la familia… pueden decir que existe desde hace siglos y siglos, pero es una pendejada, la familia no te entiende, que porque estás en la adolescencia, que estás en puras pendejadas, por eso no te entienden”.

“¿Se enojan sus papás con ustedes por ser emos?”

“Ellos a veces no captan que también fueron jóvenes”,

“Mi mamá quiere que me junte en Satélite, que me vista como niña fresa, toda rosita, y no, la verdad no es nuestra onda” responde, cabizbaja, Dorian.

Si ellos me lastiman, yo me lastimo también

“Es inevitable cortarte, para mí es inevitable” se confiesa Heidi.

“¿Por qué te cortas?

“No sé, a veces se siente bien, física y emocionalmente”.

“¿Qué emociones te impulsan a cortarte?

“Enojos, alegrías, tristeza… a veces porque las cosas no salen como quieres… siempre he considerado que los emos somos como niños caprichosos, y cuando no nos sale algo nos ponemos nenas”.

Existe el mito de que los emos son tan depresivos que muchos terminan suicidándose. Es cierto que constantemente plantean la posibilidad de quitarse la vida para escapar del sufrimiento que viven, pero lo hacen no tanto por tener verdaderas intenciones de morir sino para ejemplificar y darle un mayor dramatismo a las emociones que dicen sentir.

Lo que sí es que hay emos se autoflagelan (por lo general, cortadas en los brazos realizadas con pequeñas navajas), como una muestra de fuerza y resistencia ante el sufrimiento y tristeza que inunda el mundo, y para reflejar las emociones reprimidas que sienten en su interior. “Muchos usamos el dolor físico para enfrentar el dolor interno”. Si son un ejemplo de fortaleza al resistir tanto sufrimiento emocional, son aún más fuertes si resisten también el dolor físico de herirse a sí mismos.

“De dónde viene esta costumbre de cortarse?

“No sé, yo creo que es ya un pedo psicológico”.

“Con qué te cortas?”

“Como estudié por un tiempo diseño, con cutters, estilógrafos…”

“¿En qué parte del cuerpo te cortas?”

“En las manos… donde no se vea, porque las jefas se ponen punks”, confiesa Heidi.

El emo es un movimiento especialmente popular en la adolescencia, como ellos mismos admiten “Es raro ver emos de más de veinticinco” dicen. “El emo tiene arraigo en la adolescencia por que captura un sentimiento, más que de depresión, de incomprensión. Captura muy bien la inconformidad y la inadaptación adolescente. Y lo dramatizan más. Por eso es emo, porque se va a la parte más emocional”, concluye Rulo.

tristeza@soyemo.com

“Internet es la comunicación del emo… quien no tiene myspace está en otro planeta”.

No se puede entender el emo sin la Internet. Es gracias a ella que el movimiento ha tenido una penetración tan rápida en tantos países. Si se busca en la red, se encontrarán miles de páginas que hablan sobre el emo; algunas lo explican, muchas otras lo critican y se mofan.

Si se es emo, la Internet es la primera -y más importante- vía de contacto. Para los emos son esenciales las redes sociales, sitios de Internet en donde se crea un perfil con nuestra información básica, fotografías, gustos y preferencias, para contactar amigos del pasado o descubrir nuevas personas. Ahí intercambian también información sobre fiestas o conciertos, y a veces publican poemas que obviamente hablan sobre tristeza, dolor y, en ocasiones, sobre la muerte y el suicidio.

Una de las redes sociales más populares del momento es myspace.com: “En lugar de pedirle a un emo su teléfono, le pides su myspace, que no sólo se usa para enviar mensajitos, sino para ver sus fotos, qué clase de amigos tiene, qué bandas le gustan”, me revela Heidi.

“Tu puedes conocer a alguien en Los Sillones y mamasearte con él, pero el myspace es lo que sigue de eso”.

“¿Los Sillones? ¿Mamaseo? ¿Qué es eso?”.

Sufrir no significa dejar de gozar

-“¿Por qué se reúnen aquí, por qué en la Glorieta de Insurgentes?” Les pregunto a Dorian y a Rodrigo.

- “Porque aquí están Los Sillones”.

- “¿Qué son “Los sillones?”

- “Un lugar… no, mejor no te digo, qué tal si hablas…”

- “Dime, por favor…”

- “Hay un lugar aquí en donde nos juntamos a mamasear…”

- “¿Mamasear?” (me siento como un verdadero anciano)

- “Mamasear es un beso y ya…”

Técnicamente, es más que eso. En Los Sillones, se me explica, es bienvenida cualquier persona, pero “Ahí hay puros emos iguales a nosotros, con las mismas creencias y depresiones”, dice Dorian. Y en Los Sillones, por lo tanto, no hay ni prejuicios ni discriminación. Así le llaman a un pequeño antrillo que se encuentra apenas a unos metros de la Glorieta, sobre Insurgentes, en el segundo piso de una tienda que les vende todo tipo de ropa y accesorios pensados especialmente para ellos.

El lugar es un cuartucho con un par de mesas, iluminado apenas con cuatro focos de luz neón negra, y donde figuran tres sillones, totalmente raídos, cubiertos con sábanas y plásticos. Además de los sillones, hay un par de colchonetitas, también cubiertas de plástico, donde los chavos se echan, recargándose en la pared, para platicar, tomarse una chela, o mejor aún, mamasear. El proceso, es simple: lo usual es que alguien se aproxime a ti y pregunte “¿Mamaseas?”. Si la respuesta es positiva, vendrá un segundo cuestionamiento: “¿Con hombre o con mujer?”, dado que ahí todo mundo es aceptado y respetado (¡y cachondeado!), sin importar preferencia sexual. De llegar, digamos, a un mutuo acuerdo, comenzará el mamaseo, que sí, va desde un beso, hasta lo que en mis tiempos se le llamaba faje.

Cuando empiezo a entenderlo todo, Heidi introduce un nuevo término: “En éste y otros antros, como el Doberman, que está en Aragón, y el Piraña, que está por la Roma, además de mamasear se sexea”.

“¿Cuál es la diferencia entre mamasear y sexear?

Mamasear es tocarse, fajar, y sexear es ya tener relaciones sexuales”.

“A ti te a tocado ver mucho sexeo?

“Nunca me ha tocado ver sexeo, pero sí me ha tocado ver besos entre mucha gente”.

Es inevitable darse cuenta que los chavos entran y salen de los baños de Los Sillones. ¿Van a drogarse? ¿Van a sexear? ¿Son incontinentes? No: son vanidosos. Entran a los baños a arreglarse su preciadísimo fleco, su mayor orgullo, el mejor instrumento para el ligue. “El cabello se vuelve una obsesión: entre más greñudo, más sensual. Es como el glamour, porque te quieres ver rockero, excéntrico, pero no te quieres ver mal, o sucio. Muchos roqueros y metaleros no quieren a los emos porque quieren verse bien, maquillarse… hay muchos emo metrosexuales”, según Heidi.

La entrada a Los Sillonjes está prohibida sólo a punks y skin heads, debido a su agresividad y repulsión hacia los emos (han llegado a meterse por fuerza al lugar y comenzado a cortar flecos).

-“¿Y ustedes buscan el amor en estos lugares?”, pregunto intrigado.

-“Bueno, lo buscamos pero… no lo encontramos. Aquí encontramos nada más mamaseo y cosas frías”, sentencia Rodrigo.

Anatomía del emo:

Los emos, para externar su depresión y reconocerse entre sí, han adoptado una apariencia particular que, irónicamente, se ha convertido ya en un estereotipo. Si conoces a alguien que reúna tres o más de las características que a continuación se detallan, no dudes de que se trata de un emo (o, Dios nos libre, un poser):

Cabello: Siempre negro, por lo general lacio.

Fleco: Grande, de preferencia que cubra la frente o inclusive todo un ojo.

Maquillaje: Se resalta el contorno de los ojos, por lo regular con delineador rojo.

Playeras: Predomina el negro, aunque se combina con tonos pasteles, como rosa y morado.

Pantalones: Negros, entubados o muy ajustados.

Accesorios: Hebillas grandes, cinturones con estoperoles, piercings.

Zapatos: Tenis tipo Converse o Vans.