emeequis # 102
Les recomiendo ampliamente (y sin afán de auto promoverme, yo no acostumbro hacer eso) el número más reciente de la revista emeequis. En él encontrarán artículos muy completos sobre la apertura a las importaciones de maíz de Estados Unidos, los precandidatos a la presidencia de ese país, y la salida de Carmen Aristegui de la cadena W radio.
¡Ah! Y casualmente también hay un muy divertido reportaje de un cabrón que se llama Diego Mendiburu. Trata sobre esos misteriosos círculos rojos que están apareciendo en muchos cruceros de la Ciudad de México. A continuación, reproduzco el texto ampliado:
El misterio de los círculos rojos en la Ciudad de México
Aparecen de un día para otro, sin aviso. Surgen como por arte de magia frente a nuestras casas, en la escuela de nuestros hijos o en el trabajo. Son la versión chilanga de los sobrenaturales círculos de trigo británicos. Aunque transforman el paisaje urbano, pocos saben para qué sirven. Sin embargo, cada vez hay más, y llegaron para quedarse.
Son los misteriosos círculos rojos de la ciudad de México, que están en los cruceros de las avenidas más importantes y transitadas. ¿Quién los pinta? ¿Para que son? ¿Por qué esos cruces? Los capitalinos han creado sus propias respuestas a estas preguntas, ya que la verdad la conocen muy pocos…
Teorías, teorías…
Los círculos, pintados con rojo y complementados con boyas (topecitos amarillos), se ubican en muchos sitios de la ciudad, siempre en avenidas altamente transitadas. Aparecieron por primera vez en el cruce de Chapultepec con Sonora, y de ahí se fueron reproduciendo. No hay información oficial sobre ellos en ninguna página electrónica, ni está disponible una lista pública que detalle todos los cruceros en donde se colocarán los círculos. Por lo tanto, no sorprenden frases como: “Yo los he visto pero no sé para que sirven” o “Algo oí en la radio, pero a final de cuentas no supe para qué eran”.
Don Abel Ortega, conductor de microbús que recorre desde hace varios años la ruta 50, que va del metro General Anaya a Mixquic, es candorosamente sincero. Cuando se le pregunta qué opina sobre los misteriosos círculos rojos contesta “¿Cuáles?”. Así que se le señala rápidamente el círculo rojo que está justo frente a él, apenas unos cinco metros delante de su vieja unidad, en el cruce de Canal de Miramontes y Cerro de Jesús. “¡Nunca lo había visto!” responde, a pesar de circular por ahí docenas de veces al día. “Yo creo que los pusieron recientemente”. Ya habiéndolos identificado, lanza su hipótesis: “¡Pienso que son unos adornos para embellecer la avenida! La verdad se ven bien bonitos. Y pues es algo bueno que está pasando, poner algunos arreglitos en la ciudad, ya que le dan una vista diferente”. Pero no, no son adornos, para desgracia de don Abel.
“Han de ser para los helicópteros, ¿no?” supone Jorge Flores, quien conduce una ambulancia del ISSSTE por ese mismo cruce. La respuesta preocupa, pues tratándose de una persona que atiende emergencias, quizá un día solicite que un helicóptero aterrice de improviso en pleno Eje Central para atender un accidente. “El problema es que aquí hay muchos cables” admite. Y tiene razón: el lugar está repleto de postes y torres eléctricas que harían imposible un aterrizaje.
Antonio García, empleado del DF quien poda un camellón con una desbrozadora a unos cuantos metros del círculo, tiene otra opinión: “según yo son como topes, como vibradores”. Pero hay un detalle: si su función es que los autos disminuyan la velocidad, ¿Por qué están a la mitad de un cruce? ¿Por qué no mejor poner un tope común y corriente?
Garo Durán, en su calidad de artista visual, no tiene para sufragarse un vehículo propio, así que está habituado al transporte público y a ser copiloto en coches ajenos: “El otro día iba con mi novia y vimos uno. Como ella nunca los había visto, yo le dije los habían puesto los de protección civil”.
“Algunos círculos tienen topecitos, pero otros nada más están pintados, como el que está en el cruce de Eje Central y Manuel González” menciona. Pero Garo reconoce que su teoría tiene algunas debilidades: “Yo creía que eran puntos de reunión de protección civil, para cuando hay un sismo o algo así. En caso de emergencia, todo el tráfico se detiene y la gente se va a esos círculos, aunque después estuve pensando que sería muy peligroso, porque como toda la gente se va a querer salvar se meterían a los círculos y provocarían un caos, así que ahora ya no sé qué pensar”. Por lo pronto, puntos de reunión de protección civil no pueden ser, a menos de que sean especiales para gente con tendencias suicidas.
“Yo no he escuchado a nadie que diga: son para esto, todo mundo cree y escuchó en un lugar que a lo mejor puede ser… todo es como un rumor gigante”. Dice Oriana López, quién diario atraviesa la ciudad de punta a punta debido a sus múltiples obligaciones como asistente de producción. Así que, inflamada de sospechosismo, lanza su hipótesis: “A mi me dijeron que servían para denotar cruces de alto riesgo o donde había muchos choques, pero yo no creo en lo más mínimo que sirva para eso. Es muy raro, hay cruces que no son tan peligrosos, hay un cruce sobre Izazaga que no es tan peligroso, así que creo que es una conspiración del gobierno para cuando el pueblo se levante en armas, en esos puntos se reunirá el ejército en caso de rebelión… el presidente está muerto de miedo”.
Otro complot, nada más ni nada menos, según Oriana, quien no es la única que lo cree así. “Mi papá y mis hermanas comparten la teoría”, dice. Y cuando se le pregunta qué hace cuando pasa por uno de ellos, responde contundente: “volteo a ver si hay una universidad o alguna instalación que pueda ser atacada por el ejército”.
Verdad sin glamour
Por fortuna, sí existe alguien que sabe toda la verdad sobre estos círculos. Después de todo, la idea salió de su oficina. Es Alfredo Hernández, director de Tránsito de la Secretaría de Seguridad Pública del DF, quien deja en claro para qué sirven y por qué aparecen en ciertas avenidas: “Concentramos toda la información de las agencias del Ministerio Público, de la Cruz Roja, del ERUM, y de todos los hospitales que atienden urgencias médicas derivadas de accidentes automovilísticos; nos dimos cuenta que existen ciertas intersecciones, en este caso 120, donde ocurren el mayor número de accidentes, ya sean colisiones, atropellamientos, choques múltiples… la idea es señalar las intersecciones y, a través de las vialetas (pequeños topes que reflejan la luz) que se instalan antes de llegar al cruce, llamar la atención de conductor hacia el camino, porque va a llegar a un lugar donde de manera recurrente existen accidentes de tránsito”.
Si usted tiene automóvil, Hernández explica que lo debe hacer al llegar a uno de estos puntos es “respetar la velocidad, y estar alerta con los cincos sentidos”. Si sólo pone en alerta cuatro, ya se lo llevó el tren.
Ahora que si usted no tiene auto, ni se le vaya a ocurrir plantarse en medio de estos círculos, por más tentadora que sea la idea. Lo que debe de hacer es “buscar el camino señalizado para cruzar de un punto a otro”. O sea, rodear el círculo. “A veces se nos hace difícil hacer tres movimientos en tres bocacalles, pero es el camino más seguro, porque el paso peatonal que estamos eliminando en algunos casos es porque hay una vuelta continua o el tránsito viene de frente, y es ahí donde hay más personas atropelladas”, expone Hernández.
El problema es que muy pocos saben para qué sirven los círculos. “Yo sí sé para qué sirven, pero la mayor parte de la gente ni idea tiene, debería haber una campaña de información de parte de las autoridades, es su obligación” piensa Víctor Manrique, taxista. Según reconoció el director de Tránsito, no existe una campaña específicamente para eso, debido a que “ya se dio a conocer, si leemos los periódicos de hace unos meses, se difundió”. Sí usted almacena en su desván todos los periódicos del año pasado, ¡felicidades! Busque en los números de agosto para enterarse qué onda con los círculos. Si no, “todos los miércoles en todas esas intersecciones hay grupos del gobierno de la ciudad donde se le explica al peatón cuál es la intención de los círculos y decirles cuál es el cruce más seguro, y a los conductores invitarlos a que respeten las zonas peatonales y a que utilicen su cinturón de seguridad”, según Hernández.
Por desgracia, los primeros en ignorar la función de los círculos son los propios policías. A tan sólo unos cientos de metros del círculo ubicado en el cruce de Miramontes y Cerro de Jesús, un oficial de tránsito admite no saber cuál es su propósito: “¿Qué cree?, que no tengo conocimiento, yo solo tengo conocimiento de mi crucero, si no con mucho gusto le contesto”. Al preguntársele a Hernández si todos los agentes están enterados del programa, aclara: “Sí, por supuesto, pero es como la escuela, tú vas y le preguntas a cualquier alumno y te va a decir que lo vio en el pizarrón, pero si sales ahorita y le preguntas a cualquiera, tal vez no te puedan responder todos, aunque todos tienen conocimiento”. El director de tránsito espera medir el éxito del programa al cabo de doce meses, aunque afirma que “efectivamente la tendencia (de accidentes) va hacia abajo”.
¡Quien diría! Los misteriosos círculos no son más que novedosas señales de tránsito. En este caso, la verdad resultó mucho más aburrida que la ficción. Pero si alguien le pregunta para qué sirven, permítase confundirlos con alguna de las teorías aquí expuestas, aunque quizá existan tantas como habitantes de la ciudad hay. Nosotros creemos firmemente que, en realidad, los círculos rojos delimitan zonas de aterrizaje para una invasión marciana. Y si no, al tiempo.
PS: Si quieren saber con mayor detalle dónde se encuentran cada uno de los 120 círculos, aquí hay dos listas –que no encontrarán en ningún otro lado- que detallan los cruces donde han sido y serán instalados: Lista 1, Lista 2. Espero sea útil.