El regreso del caballero nocturno
“No es lo que somos por dentro, sino lo que hacemos, lo que nos define”, dije con aplomo y absoluta seguridad, mientras todos los presentes en ese auditorio semivacío de la UAM Xochimilco postraban su mirada sobre mí, al mismo tiempo que yo trataba de descifrar sus rostros para saber si alguien caía en cuenta de lo que acababa de escupir. En cuanto terminé la frase, de reojo observé como Oriana, mi compañera de exposición, azotaba su cabeza contra su laptop, medianamente indignada. Ella sí había captado. Las profesoras, maestras y doctoras que estaban como jurado en nuestro examen profesional, no. Y no es que las quiera tachar de ignorantes, pero sigo sin comprender como no recordaron una de las frases más emblemáticas de la mejor película de 2005: Batman Begins.
Al finalizar, comprobé que al menos mi gran amigo Carlos Medellín sí se había percatado de mi ocurrencia. Todos tenemos nuestras frases favoritas en la historia del cine: “Que la fuerza te acompañe”, “Hasta la vista, baby”, “Play it again, Sam”, “Houston, we have a problem”… pero por desgracia, no todos tienen la oportunidad de utilizarlas, con perfecta justificación, en su examen profesional de licenciatura. El destino me llevó a hacer mi tesis sobre la identidad, y no es mi culpa que una de mis frases favoritas en la historia del cine se ajuste perfectamente a una teoría psicológica sobre dicho concepto. Además, si ya había escrito la frase en la tesis, ¿por qué no decirla frente a mis padres, amigos y compañeros? De cualquier forma, nadie podía darse por sorprendido ante mi atrevimiento. Todo aquel que se presuma mi amigo sabe perfectamente que mi mayor fantasía (no sexual… creo) en la vida es algún día conducir el batimóvil a toda velocidad por el periférico vestido de Batman, mi personaje favorito de la cultura popular estadounidense.
Me hacía falta Batman Begins. Me explico: también soy gran fanático de Star Wars, pero sucede que las películas originales no son de mi época. Cuando la última película de la trilogía original se estrenó (El regreso del Jedi, en 1983), yo no era todavía ni siquiera un esperma jarioso. Simple y sencillamente yo no pertenezco a la generación Star Wars. Por supuesto, llegué a verlas muchos años después, primero a través de la televisión por cable, después en VHS y posteriormente en DVD, e inclusive en cines en su reestreno de 1997, pero lo cierto es que llegaba tarde a la fiesta.
Con el anuncio de una nueva trilogía, parecía que por fin tendría mis películas; además, estas me llegaban en una edad perfecta: viviría la primera (La Amenaza Fantasma, 1999) en plena pubertad, para disfrutar de la última (La Venganza de los Sith, 2005) casi en mi último año de carrera universitaria. En esos años es cuando, por lo general, nos hacemos de nuestras mayores aficiones (y vicios): el deporte, el alcohol, los libros, los amigos, las mujeres… el cine.
La realidad destruyó esa ilusión. Nadie en su sano juicio se podría asumir como admirador de la nueva trilogía, que podemos tachar, cuando menos, de mediocre. ¿Alguien presumirá con orgullo, en quince o veinte años, que se formó durante horas en la fila del cine para ver una película que se llamó “El ataque de los clones ”(2002)? Aún así, cuando salí del cine después de ver La Venganza de los Sith, sentí que el ciclo estaba completo. Ninguna otra película o saga me despertaría tal entusiasmo y excitación, o al menos eso creía.
Pero Batman Begins se estrenó unas cuantas semanas después. En verdad estaba emocionado por verla. Sin embargo, después de haber contemplado la última trilogía de George Lucas, había aprendido a no esperar mucho de una película, a no crearme falsas esperanzas. Pero Batman Begins no sólo cumplió con mis expectativas, con las de los críticos, y con las de millones de fans del encapotado en todo el mundo, sino que me ha hecho renacer en mí esa emoción de esperar un filme durante meses o inclusive años. The Dark Knight, la próxima secuela sobre el detective enmascarado, se estrena el próximo año. Y es aquí cuando la espera se convierte en una deliciosa agonía, que sólo se aliviará hasta que esté sentado en la butaca contemplando al caballero nocturno pateando traseros, para salir minutos después a reiniciar la espera de una nueva entrega.
Con Batman me ha pasado todo lo contrario que con Star Wars. La saga que se reignauró con Batman Begins promete mucho, ya que cuenta con algo esencial que la nueva trilogía de Star Wars carece: un buen director. Christopher Nolan parece haber comprendido la naturaleza psicológica del personaje mucho mejor inclusive que el propio Tim Burton, dando como resultado una película donde Batman es el verdadero protagonista, y no los villanos, que siempre lo opacaron en las anteriores entregas.
Yo soy fanático de Batman desde que me acuerdo: de mi piyama con capita incluida, a los recuerdos de la serie kitch (humor camp dicen los gringos) de los sesentas, a la “Caída del Murciélago” y la “Broma Mortal” en los comics, pasando, por supuesto, por el Batman de Burton. Soy hijo de la Batimanía (con todo y sus Pepsilindros), y lo digo con gusto. Después de Batman y Batman Regresa (1989, 1992), vinieron los bodrios de Batman Forever (1995) y Batman y Robin (1997), pero en realidad, todos los fans de Batman agradecemos ahora la existencia de los churros de Joel Schumacher, ya que sin él la serie no hubiera tenido su espectacular renacimiento con Batman Begins.
Ahora bien, la pregunta es: ¿cómo me las resolveré para poner en mi próxima investigación académica una frase de mi película favorita?
