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Les quiero compartir un pequeño gran éxito personal: en la revista emeequis de esta semana se publicó un texto de mi autoría sobre el iPhone.
Espero compren la revista y lean mi artículo.
Así que bendito seas, iPhone.
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La mona

Hoy tomé el pesero, para regresar a mi casa, afuera de la estación del metro General Anaya. Justo en el momento en que subí, dieron las once de la noche, por lo que el conductor no vaciló en cobrarme la tarifa especial (e ilegal) de cinco pesos.
No encontré lugar, por lo que rápidamente me recorrí al fondo del camión para quedar parado frente a la puerta de salida. En el último asiento, el que se encuentra pegado al medallón del vehículo (si es que un pesero puede alcanzar esa categoría), había tres señoras, pero en el extremo izquierdo, al lado mío, había un chico de no más de dieciocho años de edad. Tenía un rostro suave e inocente, un poco infantil, pero sobre todo noble y apacible. En su mano izquierda cargaba un tubito de plástico fluorescente, de los que reparten en los antros. Tenía la mano derecha bien cerrada, y de vez en vez se la acercaba a la nariz y a la boca para dar grandes aspiraciones.
El pesero siguió sin salir del paradero, por lo que, ante la falta de ventilación, el aire se comenzaba a impregnar del olor tan característico del pegamento industrial. Las señoras se incomodaron. Advirtiendo esto, otro adolescente se acercó, desde afuera del pesero, al joven inhalador, y le pidió, se podría decir que amablemente, saliera del vehículo:
- ¡Ándale cabrón, salte, vete para adelante…!
- (murmullos)
- ¡Te estás moneando!
- … no…
- ¿Sé está moneando? (mirando a las cuatro señoras)… ¡ya ves! Todas dicen que sí…
- No… no me estoy moneando…
- Cabrón, tú te andas moneando como sí nada y van a denunciar a ese guey (señalando al chofer) y a ti te vale madres…
- …
El de afuera se harto e intento abrirle le mano al chavo para quitarle “la mona”. Logró arrebatarle el plástico humedecido en pegamento con el que se estaba drogando. Pero por alguna razón, quizá por lástima, quizá para evitar mayores problemas, o sólo quizá para humillar y evidenciarlo más, se lo aventó a sus pies. Rápidamente el otro lo volvió a agarrar y lo apretó firmemente en su mano, para nunca más dejarlo.
El camión avanzó, y el chico siguió en su asiento inhalando una y otra vez. A la mitad de mi viaje sacó de un bolsillo de su sudadera una regordeta lata amarilla de pegamento, que utilizó para mojar de nuevo su pedacito de plástico. Las señoras, muy incomodas, tuvieron que ponerse a pensar en otras cosas.
Ya casi para llegar a mi casa, el joven decidió que era buena idea pasarse al frente de la unidad. Salió por la puerta trasera, corriendo más ágilmente de lo que yo pensé podría, y subió. Ahí lo esperaban el otro chavo y el chofer. El chofer lo recibió con una regañiza:
- A ver guey, te vas a estar en paz, ya no te metas nada, te vas a sentar ahí sin hacer mamadas…
Y le propinó un buen “sape”. Y luego otro. El chavo reaccionaba lento, lerdo, cual perezoso. Cabizbajo, se mantuvo el resto del viaje sentado frente al chofer mientras éste y su otro “ayudante” lo sapeaban y se mofaban de él.
Me le quedé viendo largo rato. Sus ojos eran pequeños y muy negros y muy profundos.
Yo llegué a mi casa y me calenté un vaso con Chocomilk. Comí pan de muerto. Luego me fui a mi cama, y dormí bajo una densa capa de sábanas y cobijas.
Me pregunto como habrá dormido él.
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SMS

Ayer me llegó este mensaje a mi celular:
“Hola Diego!, oye, solo quiero dcirt q la vdd me gustas mucho, me llamo pepe, y ps solo t pued dcir k yo t cnozco muy bien, aunq tu a mi no
eres gay?”
Vale, primero decir que me siento genuinamente halagado. De verdad. Es bonito recibir este tipo de mensajes vengan de quien vengan. Lo cierto es que disto mucho de tener éxito con las mujeres, así que cualquier muestra de cariño, estimación o gusto hacia mí, se agradece.
Dado que no tengo crédito telefónico, no he podido responderle a la persona que me envió tan sincero mensaje, pero espero sirva de algo contestarle a través de este medio. No, no soy gay; para ser más explicativos y menos tajantes, se puede decir que hasta ahora nunca he estado involucrado en una relación homosexual, ni he tenido un encuentro sexual de ese tipo.
Estoy abierto a toda la gama de posibilidades y disfrutes de la vida sexual (legado indiscutible de doña Oriana López), pero lo cierto es que hasta el día de hoy jamás me he topado con una persona de mi sexo que me despierte un genuino deseo por entablar una relación sexual-amorosa con él. Pero no soy futurólogo, y si más adelante se da una situación así, creo que bien podría experimentar algo diferente.
Honestamente no me imagino compartiendo mi vida en estos momentos con otro hombre, así que seguiré buscando, pese a las frustraciones, a una mujer que me quiera tal como soy. Puede que se me vaya la vida en ello. Pero por lo menos me queda el consuelo de que todavía hay gente a la que le parezco atractivo.
¿O será que tengo bonita letra?
